Para escribir, nada como salir de la zona de confort y vivir nuevas experiencias. Porque para transmitir una historia hay que sentir. Además, la escritura requiere soledad, estar con uno mismo. Dejar el pudor a un lado.
Hay otra cuestión que debemos tener clara: los textos nunca están terminados. Tenemos que comprender que siempre se pueden revisar, mejorar. Pulir. Porque pensar que está todo hecho nos limita. Nos impide seguir aprendiendo.
De nada sirve una historia sin un arranque atractivo y una estructura coherente. El lenguaje tiene que ser claro, sencillo. Y el texto ha de cerrarse con un buen final. No puede decepcionar.
David Jiménez empezó a exponer ideas como las anteriores, y las tres horas del taller de Cooltural Plans se hicieron cortas. Es lo que tiene tener cerca a un reportero de su talla. Uno escucha sus anécdotas de Vietnam, Afganistán y Filipinas, y desea que la sucesión de aventuras no termine nunca. Como las buenas conversaciones. Que nunca nos falten.